domingo, 26 de febrero de 2012

Esta bitácora

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Modelo de bitácora

Hoy inicio esta bitácora, en ella voy a relatar mis viajes.

La llamo: Odiseas.

La podéis encontrar en esta dirección:

http://odiseas.blogspot.com o con el enlace de mis otras bitácoras:

ártabro” – http://artabro.blogspot.com

"RAPARIZ, Colegio Academia" – http://rapariz.blogspot.com

"Rúa del Villar" – http://ruadelvillar.blogspot.com

Podéis hacer en ella vuestros comentarios o bien enviarme un correo. Los agradeceré.

ártabro.

sábado, 25 de febrero de 2012

Viaje a Marruecos - 1ª parte

Atravesando España

Si Señor, yo también fui a Marruecos y no una, sino dos veces.

Mapa de España

Entiéndame bien, lo mío no perseguía objetivo político alguno, pura curiosidad personal, mejor dicho, pura curiosidad de dos personas. Gracias a ella, Carmela y yo nos lanzamos a la aventura.

Un buen día, después de obtener parte del dinero por un procedimiento muy peculiar, que por pertenecer al secreto del sumario no desvelo. Nada ilegal o deshonesto, por supuesto. Pues eso un buen día de Junio de 1982 en nuestro viejo, de segunda mano, Citroën Dyane 6 descapotable, todo un lujo, salimos de Ferrol rumbo al sur.

Vista de Ferrol

Nos habíamos asesorado con el bueno de Pepe, quién nos dijo lo imprescindible sobre ese misterioso país e incluso nos concertó cita con un vecino de Tetuán, amigo suyo, para mejor visita a esta ciudad. Con este bagaje, pocas pelas, algo de ropa y mucha ilusión, nos lanzamos a la carretera.

A velocidad de crucero unos 100 Km/h., cuesta abajo y llano, cuesta arriba bastante menos, atravesamos Galicia y nos internamos en León, Castilla la Vieja, Extremadura y Andalucía.

Castillo de Ponferrada

Cuantos contrastes se producen a lo largo de este precioso viaje. De la verde Galicia, con sus arriba y abajo, derecha e izquierda y frondosa vegetación, que muchas veces tapa las señales de tráfico para desgracia de muchos automovilistas que, no saben como explicarle al motorista de turno que él no vio la señal de prohibido ir a más de 50 Km/h., y el otro afirma que existe un poco antes, toda una profesión de fe. León, con el Bierzo esa comarca que no quiere ser León y tampoco es Galicia y al pasar el Manzanal uno se da cuenta de lo que es Castilla “ancha es Castilla”, que no empieza precisamente ahí, pero para el caso es lo mismo.

Por tierras de Salamanca, que hay que ver, de pronto el puerto de Béjar, raro vergel de serranía, para descender a Extremadura por un paso bonito donde los haya. Las dehesas hasta Cáceres, donde su ciudad antigua merece una visita. Después Mérida, que siempre me recuerda la chispa de mi hermano José Luís.

Vista de Salamanca

Les cuento: Mi madre, hace años cuando éramos chavales, compraba con cierta frecuencia, sobre todo en verano para ensaladas y comidas frías, unas latas de carne de unos mataderos que decían eran de Mérida. Pues es el caso, mi hermano, se conoce que harto de comer esta carne, un día en la mesa dijo: “Ya está, mamá ha traído otra vez carne de romano”. Se puede usted imaginar el resto.

Después de Mérida, siguiendo nuestro viaje, pasamos el puerto de la Media Fanega, me parece que le llaman, ya Sevilla está a la vista, una vez rebasada el Guadalquivir nos acompaña dejando Jerez a la derecha y Cádiz sale al encuentro, si seguimos la carretera, Tarifa, por la que no se pasa, se vuela, tal es la fuerza del viento y con esta ayuda apareces en un plis plas en Algeciras.

Lo que le dije antes, un precioso viaje.

Cáceres

Íbamos parando cuando nos apetecía, compramos picotas cerca de Ponferrada a una señora al lado de la carretera y en el coche caminando, nos dimos un festín. Comimos bocatas y bebimos algunas cervecitas, no había controles de alcoholemia todavía.

Llegamos a Sevilla a las 10 de la noche, allí nos esperaba León, que estaba haciendo la mili y con él nos dimos un paseo por el barrio de Santa Cruz, con aromas de azahar y silencio en las calles. ¡Una noche con encanto!, que se dice. Después de dormir en un hostal a la mañana siguiente, muy temprano, por la autopista salimos camino de Algeciras adonde a media mañana habíamos llegado.

Sevilla

Empezaba el calor, nos sobraba todo. Ya me dirá usted, si en Ferrol los días más calurosos del verano es raro que el termómetro supere los 25 grados centígrados.

Rápidamente, después de subir el coche nos instalamos en el ferry para atravesar el estrecho. Buena travesía, a las 12,30 h., estábamos en Ceuta.

¡Otro mundo!, comercios de indios, chilabas, velos, legionarios y gran animación.

Al poco, con un bocadillo cada uno, nos presentamos en la frontera de Tarajal. ¡Eso si que es otro mundo!.

Vista de Ceuta

Entre el puesto español y el marroquí, había un espacio de unos cien metros, tierra de nadie, y efectivamente allí estaba una multitud de nadie, esperando a colarse en Ceuta.

El aduanero marroquí educado, pero siniestro, me recordaba al carcelero de “El expreso de medianoche”, con lentitud pasmosa, poco a poco, nos fue sellando los pasaportes, previa inscripción en él mío de los datos del coche, tendrían miedo que vendiéramos aquella joya, registro del mismo y de nuestros equipajes. Tuvimos que declarar no portar armas de tipo alguno, incluso una pequeña navaja era considerada arma, la mía no la declaré. El dinero, después de adquirir algunos dirhans, y declarar la cantidad total de esa moneda que llevábamos así lo hicimos, ocultando también los que en el mercado negro, una gasolinera de Ceuta, más baratos habíamos comprado. Por lo oído, estaba muy perseguido este tráfico de dinero sin declarar. Incluso cárcel. Pero amigo mío, ¡la pela es la pela!. (Cada dirhan, unas 16 pesetas).

Hasta ahí viajamos bien, Carmela con los pies descalzos en el salpicadero y yo conduciendo todo el tiempo. Ella no maneja, que diría un americano.

Una vez cumplimentados todos los trámites fronterizos, nos adentramos en un mundo maravilloso.

Pero eso, si usted quiere, se lo sigo contando otro día.