Ante los diversos correos recibidos y comentarios, felicitando al autor y acuciándolo para que siguiera el relato, por respeto a ustedes no me puede negar y les voy a seguir contando:
Carmela y yo, instalados en nuestro descapotable, seguimos lo que iba a ser viaje a lo desconocido.
La carretera pegada al mar que lleva de Ceuta a Tetuán, nos dejaba ver las construcciones en terraza de las casas, las mezquitas con sus minaretes, algún palacete y sobre todo tipos humanos, vehículos, animales y cosas diversas, cada cual más peculiar.
Una señora mayor a cara descubierta, con un gran sombrero, tipo mexicano, pero con cuatro trenzas de lana de color uniendo el ala con la copa, vestida con el mayor colorido jamás imaginado y montada en un burro, que por alforjas llevaba grandes calderos de cobre bruñido, nos cruzó cerca de Tetuán y se quedó mirando para nosotros con gran curiosidad. ¡Debíamos de tener una pinta estrafalaria!.
Ya estábamos en Tetuán a media tarde, es una ciudad acostada en una colina y a ojo de buen cubero, intuyendo donde quedaba el centro, hacia allí nos dirigimos, aparcamos el coche y a pié nos adentramos a la busca del amigo de Pepe.
¡Amigo!, que olores, que colores, que ojos, que todo. Eso mismo, todo nos llamaba la atención, entramos en la kasba y eso sí que hay que verlo, callejuelas estrechas, vendedores de todo tipo, mercancías por todos lados y gente, mucha gente. Las personas siempre amables y como entienden y hablan bastante bien el castellano, veían la Tele española y eran forofos de la Liga española, el Real Madrid hacía furor, no nos fue difícil hacernos entender, al poco uno nos dijo que era amigo de nuestro futuro guía y en breve tiempo apareció el prójimo señalado.
Era éste, Hasan, un tipo joven, algo grueso y con todas las características de un vividor.
Se hizo cargo de nosotros y después de los consabidos saludos, recuerdos de Pepe y esas cosas que se dicen, nos llevó a visitar los alrededores. Cuando empezaba a oscurecer, nos invitó a ir a su casa, naturalmente, pese a nuestras disculpan, allí fuimos.
Una casa humilde y muy limpia, en la que estaba su madre con dos hermanas pequeñas de Hasan, sentadas en cojines, que era todo el mobiliario de la habitación en la que fuimos introducidos. Inmediatamente nos ofrecieron té, probarlo, el mío con menta, y no dejar de tomarlo en todo el tiempo que estuve en Marruecos, fue todo uno. La madre, de pocas palabras, nos deseó buena estancia y poco después nos despedimos de ellas, para irnos a cenar con Hasan.
Nos llevó al centro de nuevo y allí a un restaurante con terraza. Ya dije como íbamos de pasta. Carmela y yo, aconsejados por Hasan pedimos cus-cus, él se pidió un bistec con patatas y ensalada, que costaba el doble de los dos platos nuestros. La mirada que Carmela y yo nos cruzamos lo dijo todo. ¡Había que dar esquinazo al tal Hasan!.
Nos lo confirmó la conversación que tuvimos en la cena, el tío pedía de todo, debía creer que éramos millonarios y ya nos planificaba el viaje a Fez, él incluido.
No sabíamos como desprendernos de su compañía.
Alegando el cansancio del viaje, como buenamente pudimos le anunciamos nuestra intención de irnos al hostal a dormir. Inmediatamente estuvo de acuerdo, pero estaba tan entusiasmado con nosotros y como con Pepe hacía eso, no tuvimos valor para aclararle que no deseábamos que nos acompañase en el viaje. Por un lado estábamos agradecidos a Pepe y por otro maldecíamos su nombre. ¡Vaya embolado!.
Al final me armé de valor y quise decírselo, aún fue peor. El tío era un cara y no quería enterarse.
Así que después de despedirnos de él a la puerta del hostal, Carmela y yo, decidimos que al día siguiente, a primera hora, nos iríamos sin decirle nada más.
Dicho y hecho, arrancamos de mañana y salimos de Tetuán camino de Fez. Pero ¡fatalidad!, una pareja de guardias de tráfico nos paró y nos pide los papeles. Les enseño todo y ellos, muy amables, miran todo y me piden la Carta Verde. ¡Ahí me pillaron!, no la había cogido por no gastar, ya sé que es el seguro internacional y sin ella me podía meter en un buen lío, si por desgracia tenía algún contratiempo. Pero como ya sabes, los duros eran escasos.
La broma me salió cara. Después de pagarles a ellos, contra recibo, la correspondiente multa, la verdad no muy elevada, me hicieron volver a Tetuán a adquirir la dichosa Carta.
Volvimos temblando, teníamos que ir a una oficina que estaba cerca del hostal, si encontrábamos a Hasan estábamos perdidos. No queríamos follones y tampoco quedar mal con Pepe.
Esta vez tuvimos suerte, después de coger nuestra Carta Verde y pagarla, salimos como alma que lleva el diablo de Tetuán.
Los guardias, que nos estaban esperando, una vez verificados los papeles, nos dieron paso libre para seguir viaje.
Y eso hicimos.
Por hoy lo voy a dejar aquí, como ya le dije, si usted quiere seguiré otro día.








1 comentarios:
Qué bueno lo de los viajes. Yo espero hacer algo semejante, pero en mi pagina web.
Un abrazo, adelante, y gracias por enlazar mi blog!
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