martes 17 de agosto de 2004

Viaje a Marruecos – 4ª parte

Rabat

Dyane 6

Al amanecer del día siguiente, ya estábamos en disposición de lanzarnos a las incógnitas y novedades que este viaje nos mostraba a cada momento. Después de un zumo de naranja, muy rico por cierto, y sendos cafés, el cuerpo agradecido renovó fuerzas y el ánimo, siempre alto, estaba pletórico, ya estábamos en la calle de nuevo.

Eran las 07,30 horas y el calor ya era agobiante, ese día el termómetro superó con creces los 40º centígrados.

Hicimos una vista en el coche por el barrio nuevo y una pequeña visita a la kasba, una compra pendiente, no recuerdo que fuera importante, pero seguro que para Carmela lo era.

Sello de Correo Marroquí

Sobre las once salimos de Fez rumbo a Mequinez, una ciudad más pequeña y sin apenas encanto, la medina o kasba es mucho más pequeña y dentro de ella, solo dos o tres comercios con bonitos objetos.

Hicimos una visita, que por el tiempo que utilizamos fue corta, pero por el calor se me hizo eterna. A las 13,00 h., el calor sofocante nos decidió a comprar una hermosa sandía de unos tres kilos, que fue nuestra comida ese día, la fuimos papando camino de Rabat, otro almuerzo más sólido era imposible.

La carretera al salir de Mequinez atraviesa una planicie en la que vastas extensiones de campos anegados, para cultivar arroz, se pierden en el horizonte. Las garcillas boyeras tienen su casa aquí, la vista es en dos colores, el verde del arroz y el blanco de las aves.

Mapa de Rabat y alrededores
Después de un viaje sin incidentes, dignos de resaltar, llegamos a Rabat a las cuatro de la tarde.

Plano de la medina de Rabat

La capital, como todas las ciudades marroquíes que estuvieron bajo el mandato francés, tiene dos barrios principales claramente diferenciados, la kasba y el barrio colonial. La kasba, es retroceder en el tiempo. El barrio colonial de trazado rectilíneo, aloja los comercios, cafés y viviendas, dentro de un ambiente cosmopolita y grandes contrastes; una perfumería lujosa y las mujeres con largas túnicas y velo en el rostro.

En Marruecos la vida pública la dirigen y protagonizan los hombres, las mujeres tienen su reino en la casa, si bien las jóvenes han adoptado las costumbres occidentales.

En las conversaciones y trato con los marroquíes, advertí un deseo latente de libertad política y una atmósfera religiosa, más de costumbre que de creencias profundas.

Marruecos es un país de gran potencial, necesita un gran cambio en educación pública y desarrollo económico. Con un gobierno democrático este país, en los próximos años, puede dar un fuerte avance. Lo esencial lo tiene, un pueblo inteligente y pragmático, solo falta voluntad para avanzar.

Escena de la kasba de Rabat

Pasamos la tarde en Rabat, paseando por sus calles y viendo a sus gentes y costumbres. Toda una experiencia.

Al anochecer, pregunté por un camping para poder pasar la noche y me dijeron que en Salé, el puerto de Rabat, había uno y estaba bien. Hacia allí nos dirigimos y al llegar, encontramos un muro de tres metros de alto dando forma a un espacio cuadrado de 100x100 metros de tierra, sin una sola sombra y una casamata en el centro con los servicios higiénicos. En la puerta, también con soldados armados hasta los dientes, nos facilitaron los trámites de ingreso y después de una detenida visita a los baños, que esta vez si estaban medianamente decentes, decidimos quedarnos y montar la tienda, mientras había luz diurna. Una vez que ya teníamos todo en orden, salimos a buscar un lugar para comer algo, ya la temperatura al lado del mar era soportable.

Encontramos un sitio de bocadillos y refrescos, nos valió, y una vez repuestos emprendimos el camino de vuelta a pie por las calles de Salé.

Al pasar por debajo de un arbolito, en plena acera, Carmela ahogo un grito en su garganta y de un brinco casi me pasa por encima. Al mirar su cara pude ver en su expresión, una mezcla de miedo, sorpresa y asco. Al seguir la dirección que sus ojos apuntaban, pude ver una culebra que placidamente colgaba del tal arbolito. Me quise acercar a investigar, pero ella cogiéndome del brazo me alejó a toda prisa. Me confirmó que los bichos no son lo suyo.

Mezquita de Rabat

Un rato más tarde, ya en el camping, después de una visita al cuarto de baño, estábamos en nuestra tienda y el cansancio del día hacia mella en nuestro animo, que buscaba el sueño reparador. Cuando Morfeo nos empezaba a abrazar, unas voces, de acento familiar, nos espabilaron e hicieron que sacase la cabeza por la cremallera, para averiguar que pasaba.

¡El mundo es un pañuelo!, nosotros que éramos los únicos huéspedes del camping, veíamos que los siguientes y últimos visitantes eran tres personas: ¡Un nacho y dos nachiñas de La Coruña!. (1)

Así era, un chico y dos chicas, él vestido con chilaba a rayas, tenía la rara teoría que con esta vestimenta lo confundirían con una nativo y así evitará problemas para las chicas, por parte de la población masculina del país, no quise argumentar nada, tal era la convicción con que lo decía. Las chicas, a la occidental, parecían encontrarse a gusto.

Después de los saludos y un rato de conversación, les ayudamos a montar su tienda y al poco, dándoles las buenas noches, nos entregamos a nuestro bien merecido descanso.

Otro día sigo contando ……….

(1) – Nacho o nacha, palabra típica ferrolana para designar a otro y otra, como otros dicen: Fulano, Tío, Chorvo, Elemento, Pavo, etc. Sus diminutivos son: Nachiño y nachiña.

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