sábado 22 de mayo de 2004

Viaje a Marruecos - 2ª parte

Tetuán

Ante los diversos correos recibidos y comentarios, felicitando al autor y acuciándolo para que siguiera el relato, por respeto a ustedes no me puede negar y les voy a seguir contando:

Mapa del norte de Marruecos

Carmela y yo, instalados en nuestro descapotable, seguimos lo que iba a ser viaje a lo desconocido.

La carretera pegada al mar que lleva de Ceuta a Tetuán, nos dejaba ver las construcciones en terraza de las casas, las mezquitas con sus minaretes, algún palacete y sobre todo tipos humanos, vehículos, animales y cosas diversas, cada cual más peculiar.

Una señora mayor a cara descubierta, con un gran sombrero, tipo mexicano, pero con cuatro trenzas de lana de color uniendo el ala con la copa, vestida con el mayor colorido jamás imaginado y montada en un burro, que por alforjas llevaba grandes calderos de cobre bruñido, nos cruzó cerca de Tetuán y se quedó mirando para nosotros con gran curiosidad. ¡Debíamos de tener una pinta estrafalaria!.

Vista de Tetuán

Ya estábamos en Tetuán a media tarde, es una ciudad acostada en una colina y a ojo de buen cubero, intuyendo donde quedaba el centro, hacia allí nos dirigimos, aparcamos el coche y a pié nos adentramos a la busca del amigo de Pepe.

¡Amigo!, que olores, que colores, que ojos, que todo. Eso mismo, todo nos llamaba la atención, entramos en la kasba y eso sí que hay que verlo, callejuelas estrechas, vendedores de todo tipo, mercancías por todos lados y gente, mucha gente. Las personas siempre amables y como entienden y hablan bastante bien el castellano, veían la Tele española y eran forofos de la Liga española, el Real Madrid hacía furor, no nos fue difícil hacernos entender, al poco uno nos dijo que era amigo de nuestro futuro guía y en breve tiempo apareció el prójimo señalado.

Mezquita en Tetuán

Era éste, Hasan, un tipo joven, algo grueso y con todas las características de un vividor.

Se hizo cargo de nosotros y después de los consabidos saludos, recuerdos de Pepe y esas cosas que se dicen, nos llevó a visitar los alrededores. Cuando empezaba a oscurecer, nos invitó a ir a su casa, naturalmente, pese a nuestras disculpan, allí fuimos.

Una casa humilde y muy limpia, en la que estaba su madre con dos hermanas pequeñas de Hasan, sentadas en cojines, que era todo el mobiliario de la habitación en la que fuimos introducidos. Inmediatamente nos ofrecieron té, probarlo, el mío con menta, y no dejar de tomarlo en todo el tiempo que estuve en Marruecos, fue todo uno. La madre, de pocas palabras, nos deseó buena estancia y poco después nos despedimos de ellas, para irnos a cenar con Hasan.

Puestos callejeros

Nos llevó al centro de nuevo y allí a un restaurante con terraza. Ya dije como íbamos de pasta. Carmela y yo, aconsejados por Hasan pedimos cus-cus, él se pidió un bistec con patatas y ensalada, que costaba el doble de los dos platos nuestros. La mirada que Carmela y yo nos cruzamos lo dijo todo. ¡Había que dar esquinazo al tal Hasan!.

Nos lo confirmó la conversación que tuvimos en la cena, el tío pedía de todo, debía creer que éramos millonarios y ya nos planificaba el viaje a Fez, él incluido.

No sabíamos como desprendernos de su compañía.

Alegando el cansancio del viaje, como buenamente pudimos le anunciamos nuestra intención de irnos al hostal a dormir. Inmediatamente estuvo de acuerdo, pero estaba tan entusiasmado con nosotros y como con Pepe hacía eso, no tuvimos valor para aclararle que no deseábamos que nos acompañase en el viaje. Por un lado estábamos agradecidos a Pepe y por otro maldecíamos su nombre. ¡Vaya embolado!.

Al final me armé de valor y quise decírselo, aún fue peor. El tío era un cara y no quería enterarse.

Callejuela en la Medina

Así que después de despedirnos de él a la puerta del hostal, Carmela y yo, decidimos que al día siguiente, a primera hora, nos iríamos sin decirle nada más.

Dicho y hecho, arrancamos de mañana y salimos de Tetuán camino de Fez. Pero ¡fatalidad!, una pareja de guardias de tráfico nos paró y nos pide los papeles. Les enseño todo y ellos, muy amables, miran todo y me piden la Carta Verde. ¡Ahí me pillaron!, no la había cogido por no gastar, ya sé que es el seguro internacional y sin ella me podía meter en un buen lío, si por desgracia tenía algún contratiempo. Pero como ya sabes, los duros eran escasos.

La broma me salió cara. Después de pagarles a ellos, contra recibo, la correspondiente multa, la verdad no muy elevada, me hicieron volver a Tetuán a adquirir la dichosa Carta.

Guerrero marroquí

Volvimos temblando, teníamos que ir a una oficina que estaba cerca del hostal, si encontrábamos a Hasan estábamos perdidos. No queríamos follones y tampoco quedar mal con Pepe.

Esta vez tuvimos suerte, después de coger nuestra Carta Verde y pagarla, salimos como alma que lleva el diablo de Tetuán.

Los guardias, que nos estaban esperando, una vez verificados los papeles, nos dieron paso libre para seguir viaje.

Y eso hicimos.

Por hoy lo voy a dejar aquí, como ya le dije, si usted quiere seguiré otro día.

martes 18 de mayo de 2004

Viaje a Marruecos - 1ª parte

Atravesando España

Si Señor, yo también fui a Marruecos y no una, sino dos veces.

Mapa de España

Entiéndame bien, lo mío no perseguía objetivo político alguno, pura curiosidad personal, mejor dicho, pura curiosidad de dos personas. Gracias a ella, Carmela y yo nos lanzamos a la aventura.

Un buen día, después de obtener parte del dinero por un procedimiento muy peculiar, que por pertenecer al secreto del sumario no desvelo. Nada ilegal o deshonesto, por supuesto. Pues eso un buen día de Junio de 1982 en nuestro viejo, de segunda mano, Citroën Dyane 6 descapotable, todo un lujo, salimos de Ferrol rumbo al sur.

Vista de Ferrol

Nos habíamos asesorado con el bueno de Pepe, quién nos dijo lo imprescindible sobre ese misterioso país e incluso nos concertó cita con un vecino de Tetuán, amigo suyo, para mejor visita a esta ciudad. Con este bagaje, pocas pelas, algo de ropa y mucha ilusión, nos lanzamos a la carretera.

A velocidad de crucero unos 100 Km/h., cuesta abajo y llano, cuesta arriba bastante menos, atravesamos Galicia y nos internamos en León, Castilla la Vieja, Extremadura y Andalucía.

Castillo de Ponferrada

Cuantos contrastes se producen a lo largo de este precioso viaje. De la verde Galicia, con sus arriba y abajo, derecha e izquierda y frondosa vegetación, que muchas veces tapa las señales de tráfico para desgracia de muchos automovilistas que, no saben como explicarle al motorista de turno que él no vio la señal de prohibido ir a más de 50 Km/h., y el otro afirma que existe un poco antes, toda una profesión de fe. León, con el Bierzo esa comarca que no quiere ser León y tampoco es Galicia y al pasar el Manzanal uno se da cuenta de lo que es Castilla “ancha es Castilla”, que no empieza precisamente ahí, pero para el caso es lo mismo.

Por tierras de Salamanca, que hay que ver, de pronto el puerto de Béjar, raro vergel de serranía, para descender a Extremadura por un paso bonito donde los haya. Las dehesas hasta Cáceres, donde su ciudad antigua merece una visita. Después Mérida, que siempre me recuerda la chispa de mi hermano José Luís.

Vista de Salamanca

Les cuento: Mi madre, hace años cuando éramos chavales, compraba con cierta frecuencia, sobre todo en verano para ensaladas y comidas frías, unas latas de carne de unos mataderos que decían eran de Mérida. Pues es el caso, mi hermano, se conoce que harto de comer esta carne, un día en la mesa dijo: “Ya está, mamá ha traído otra vez carne de romano”. Se puede usted imaginar el resto.

Después de Mérida, siguiendo nuestro viaje, pasamos el puerto de la Media Fanega, me parece que le llaman, ya Sevilla está a la vista, una vez rebasada el Guadalquivir nos acompaña dejando Jerez a la derecha y Cádiz sale al encuentro, si seguimos la carretera, Tarifa, por la que no se pasa, se vuela, tal es la fuerza del viento y con esta ayuda apareces en un plis plas en Algeciras.

Lo que le dije antes, un precioso viaje.

Cáceres

Íbamos parando cuando nos apetecía, compramos picotas cerca de Ponferrada a una señora al lado de la carretera y en el coche caminando, nos dimos un festín. Comimos bocatas y bebimos algunas cervecitas, no había controles de alcoholemia todavía.

Llegamos a Sevilla a las 10 de la noche, allí nos esperaba León, que estaba haciendo la mili y con él nos dimos un paseo por el barrio de Santa Cruz, con aromas de azahar y silencio en las calles. ¡Una noche con encanto!, que se dice. Después de dormir en un hostal a la mañana siguiente, muy temprano, por la autopista salimos camino de Algeciras adonde a media mañana habíamos llegado.

Sevilla

Empezaba el calor, nos sobraba todo. Ya me dirá usted, si en Ferrol los días más calurosos del verano es raro que el termómetro supere los 25 grados centígrados.

Rápidamente, después de subir el coche nos instalamos en el ferry para atravesar el estrecho. Buena travesía, a las 12,30 h., estábamos en Ceuta.

¡Otro mundo!, comercios de indios, chilabas, velos, legionarios y gran animación.

Al poco, con un bocadillo cada uno, nos presentamos en la frontera de Tarajal. ¡Eso si que es otro mundo!.

Vista de Ceuta

Entre el puesto español y el marroquí, había un espacio de unos cien metros, tierra de nadie, y efectivamente allí estaba una multitud de nadie, esperando a colarse en Ceuta.

El aduanero marroquí educado, pero siniestro, me recordaba al carcelero de “El expreso de medianoche”, con lentitud pasmosa, poco a poco, nos fue sellando los pasaportes, previa inscripción en él mío de los datos del coche, tendrían miedo que vendiéramos aquella joya, registro del mismo y de nuestros equipajes. Tuvimos que declarar no portar armas de tipo alguno, incluso una pequeña navaja era considerada arma, la mía no la declaré. El dinero, después de adquirir algunos dirhans, y declarar la cantidad total de esa moneda que llevábamos así lo hicimos, ocultando también los que en el mercado negro, una gasolinera de Ceuta, más baratos habíamos comprado. Por lo oído, estaba muy perseguido este tráfico de dinero sin declarar. Incluso cárcel. Pero amigo mío, ¡la pela es la pela!. (Cada dirhan, unas 16 pesetas).

Hasta ahí viajamos bien, Carmela con los pies descalzos en el salpicadero y yo conduciendo todo el tiempo. Ella no maneja, que diría un americano.

Una vez cumplimentados todos los trámites fronterizos, nos adentramos en un mundo maravilloso.

Pero eso, si usted quiere, se lo sigo contando otro día.

Esta bitácora

Inicio

Modelo de bitácora

Hoy inicio esta bitácora, en ella voy a relatar mis viajes.

La llamo: Odiseas.

La podéis encontrar en esta dirección:

http://odiseas.blogspot.com o con el enlace de mis otras bitácoras:

“Artabro” – http://artabro.blogspot.com

"RAPARIZ, Colegio Academia" – http://rapariz.blogspot.com

"Rúa del Villar" – http://ruadelvillar.blogspot.com

Podéis hacer en ella vuestros comentarios o bien enviarme un correo. Los agradeceré.

Ártabro.